Gran parte del funcionamiento de la sociedad actual descansa sobre el uso y consumo de energía procedente de diferentes fuentes. Un día típico de una persona involucra el uso de diversas fuentes de energía eficiente para la satisfacción de las necesidades personales más esenciales como la higiene, la alimentación, el transporte, para ir a trabajar, etc.

La pobreza energética.

Pero qué sucede con aquellos que no tienen acceso a este uso de la energía o que lo tienen muy limitado debido a su costo. Qué sucede con las necesidades que no son satisfechas por la existencia de una brecha de infraestructura o recursos económicos que impide a una persona, un grupo social o una comunidad utilizar la energía para cumplir con estas necesidades básicas. Cuando no hay la posibilidad de contar con energía eléctrica para satisfacer necesidades básicas, es en ese momento hablamos de pobreza energética.

Las situaciones de precariedad se hacen manifiestas aún más cuando las condiciones meteorológicas son más duras. Esto puede implicar riesgos sanitarios. Ningún país está completamente exento de éste problema y las soluciones que se proponen son muy diferentes; sin embargo, es posible que el uso eficiente de la energía pueda ser una herramienta que ayude a solucionar éste problema a mediano y largo plazo.

Uso eficiente de la energía.

Para entender cómo la eficiencia energética puede convertirse en un aliado constante del combate contra la pobreza energética, hay que entender bien la noción de uso eficiente de la energía. Utilizar la energía eficientemente no es sólo ahorrar energía. No es sólo usar energías limpias y renovables. La eficiencia energética es sacar el mejor partido posible del acceso a la energía y producir de forma continua resultados satisfactorios. Representa el no desperdiciar la energía luminosa y calorífica más accesible que existe: la del sol, y sacarle el máximo provecho desde el planteamiento de un hogar o un edificio o cualquier tipo de inmueble, o incluso un vehículo, una fábrica, etc. Representa utilizar las fuentes energéticas de forma reflexiva y facilitando desde la estructura, el que rinda sus mejores frutos.

Si uno de los problemas que genera la pobreza energética es que las personas no pueden pagar por la energía que consumen, podemos ver que, si su vivienda estuviese pensada para aprovechar al máximo la energía que utiliza, este gasto sería menor y por ende habría menos riesgo de caer en situación de precariedad. Evidentemente, el camino que lleva al uso eficiente de la energía es largo y no es sencillo. Pero es necesario que empiece a existir una “mentalidad” de la eficiencia y que no sólo de forma obligatoria, sino por convicción, autoridades, iniciativa privada y sociedad busquen las medidas adecuadas para ir limitando la precariedad energética apoyándose en el uso eficiente de la energía.

Energía eficiente.